…esto no da carta blanca para hacer lo que a uno le venga en gana.
Mayoría
podría servir para excusarse uno si no añadiese después “de los
españoles" para sentirse así más fuerte en sus palabras. Ni la mayoría
de los españoles lo apoyan, señor Mariano, ni - lo que es más grave de
todo - la mayoría de los votantes. Sabemos que los sistemas no son
perfectos, y menos la manera de aplicarlos. El sistema electoral español
tiene sus fallos y tendría su razón de ser algún día y por causas que
no cabe explicar aquí - en este artículo se
explica detalladamente y se hace una valoración crítica de ello -, pero
no es en el sistema en lo que quiero centrarme, si no en la manera que
se utiliza el lenguaje para jugar con nuestras mentes y, así, con
nuestras voluntades.
La democracia está desvirtuada, supongo que
cada vez queda más claro que esto es una realidad, y ya no solamente por
un sistema electoral al que le queda grande el concepto democracia, si
no por el (mal) uso que se hace de él - de forma consciente y
aprovechada. No quiero remitirme a Atenas, ni purezas por el estilo,
porque su situación era una, y la nuestra es otra, y además, la idea de
ciudadano en aquella época era un poco limitada. Pero más allá de todo
esto, el sistema democrático debería exigir, si realmente queremos que
sea lo que decimos, que fuera el demos quien tuviera el poder, y
no otros. Las decisiones que toman los gobernantes deberían basarse en
las peticiones de los gobernados, ya que es gracias a éstos que se
encuentran en el poder - un poder cedido, por otra parte, en una
democracia representativa; mediante un pacto te cedo el poder y tú
gobiernas por mí ya que me representas, de modo que no eres tú el
poderoso, el poderoso soy yo, el pueblo. Pero más allá de las decisiones
tomadas por los gobernantes, acertadas o no, existen también sus
actuaciones externas a la política - estrictamente hablando. No sólo es
cómo gobierno, si no qué hago mientras gobierno, o qué he hecho para
poder gobernar. El juego debe ser limpio para que el sistema funcione
bien, para que haya una correcta armonía, para que no exista la
crispación ni el desencanto. Y si una vez gobernando se descubre el
pastel, porque resulta que no he sido tan limpio como debería, no sirve
la excusa - o no debería servir - de que ahora tienes mayoría - ¿qué
mayoría? - y añades que tu tarea es otra.
La tarea del gobernante
es gobernar, y también dar explicaciones. El sistema democrático no se
basa solamente en tener el poder si te votan muchos. El sistema
democrático es, por encima de todo, rendir cuentas a aquellos que te han
votado ya que es gracias a su voluntad por la que estás en el poder. Y
si debes salir un día, y otro, y otro a decir esto o aquello, lo haces,
porque es tu deber. El deber de un gobernante no radica solamente en el
cumplimiento de un programa electoral - no hablemos de esto ahora… -,
radica también en explicar, punto por punto, qué se hace, y el porqué.
Por
lo tanto, señor Mariano, no se sirva de la palabra mayoría para
excusarse. No se sirva de la palabra nación para que sus actos parezcan
grandes. No se sirva de la voluntad de aquellos quienes le votaron para
escurrir el bulto. Señor Mariano, la mayoría no le quiso, y usted lo
sabe. Y sabe también que si todo el mundo conociera este dato tendría un
problema. Por eso, Mariano, se llena usted la boca con conceptos como democracia, mayoría o Estado de Derecho. Pero bien sabe usted que son conceptos vacíos, y ya se encarga su persona de que no cobren sentido.
Si la mayoría de los españoles reflexionases sobre esto, Mariano… ¡Ay! Mariano…
dimarts, 16 de juliol del 2013
La mayoría de los españoles nos apoyan
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