Hoy, 23 de septiembre, además de empezar el otoño, vamos a recordar esta fecha por ser el día en que el gobierno de Mariano Rajoy reculó en su tozuda tarea de implantar una Ley del Aborto repugnantemente ofensiva contra la mujer.
Después de tres años de batallas dialécticas - no por eso menos dolorosas - contra toda aquella fémina que no quisiera ser mujer auténtica por no querer tener hijos, Gallardón - y todo el Gobierno - tiene que darse con un canto en los dientes porque han podido más un puñado de votos que lo que se supone que son su principios - si alguna vez, todos ellos, los han tenido.
Yo, como mujer, me siento feliz por este acontecimiento. Como mujer, y como ciudadana. Porque tener hijos es algo muy serio, decisión que una no puede tomarse a la ligera, y que debería meditarse muchísimo. Si tener un hijo es tarea ya difícil, tener un hijo no deseado... es algo desastroso.
Pero perdónenme ustedes si cambio un poco el rumbo de estas palabras porque no quiera solamente hablarles de la alegría que me produce que todas aquellas mujeres que decidan interrumpir su embarazo, decisión difícil donde las haya, puedan hacerlo libremente, sino que además quiero pronunciarme respecto a un tema que se desprende de este debate: el hecho que una mujer, por serlo, deba tener hijos.
Tengo casi 30 años - aunque me cueste asimilarlo - y llevo toda mi vida diciendo que no quiero ser madre. Y tanto tiempo llevo diciendo esto como tiempo llevo escuchando que "algún día me entrará el gusanillo", "ya verás como tendrás, a todas nos pasa", o un simple "¿no te animas?". Pues no... no me animo. Para mí, tener hijos, no es una opción. Y no es una opción por cuestiones como las que siguen:
- Primero, no podría darle una vida digna a la persona que vienese.
- Segundo, porque quiero hacer cosas con mi vida que necesitan de mi libertad completa. No me tildéis de egoísta: son muchos los padre que dejan a los niños con abuelos, tíos, baby siters y demás para poder seguir con su vida antes de tomar la importante decisión de traer un nuevo ser a este mundo, dejando su educación a otros.
- Tercero, una persona más en este mundo no supone una mejora para el mismo, sino, a mi juicio, todo lo contrario.
- Cuarto, hay millones de seres sin hogar, sin padres, sin recursos, sin vida... que tal vez, algún día, pueda ayudar.
- Y quinto, una persona, por salir de mi cuerpo, no va a ser mejor que cualquier otra. La educación es lo que cuenta.
Con esto quiero reivindicar la libertad de toda mujer a NO ser madre, y no por ello, ser menos mujer. Parir no me hace más fémina. Soy fémina en tanto que tengo conciencia de ello, un hijo no cambiaría para nada mi condición. Sed libres antes que nada.